Los cultivos energéticos están integrados por una serie de especies vegetales cuya cosecha (biomasa), a diferencia de los cultivos agrícolas tradicionales, se dedica a la producción de energía. Como en el caso de los cultivos agrícolas, los energéticos pueden ser de tipo herbáceo o leñoso.
En la actualidad existen algunos cultivos agrícolas, como es principalmente el caso de determinadas oleaginosas (girasol, soja, colza, palma etc), los cereales, la caña de azúcar y la remolacha que se están dedicando indistintamente a la producción de alimento o de energía. También algunas especies forestales utilizadas tradicionalmente como madera pueden ser empleadas como cultivos energéticos; tales son los casos del chopo, del sauce o del eucalipto, entre otras. Cuando estas últimas especies se dedican a la producción de energía se suelen emplear clones específicos que se cultivan en plantaciones mucho más densas (hasta 30.000 árboles por hectárea) y en las que los turnos de rotación (cortas) se efectúan en periodos mucho más cortos en el tiempo (normalmente 2-4 años) que los madereros.
No obstante, muchas de las especies que se están desarrollando para aplicaciones energéticas son distintas a las agrícolas y forestales tradicionales y constituyen, por tanto, cultivos no convencionales.
Las especies o, en su caso, variedades, vegetales de interés para su empleo como cultivos energéticos se deben caracterizar por un alto grado de rusticidad, superior, por lo general, al de las especies o variedades agrícolas tradicionales.
Eso significa que los cultivos energéticos son resistentes al frío, soportan pocas plagas y presentan una alta eficiencia en la utilización del agua y de los nutrientes, todo lo cual en la práctica suele traducirse en unas necesidades de fertilizantes, pesticidas y de agua netamente inferiores a las de los cultivos tradicionales, con los consiguientes efectos medioambientales positivos que ello conlleva. De hecho, con respecto al agua, la mayor parte de los cultivos energéticos que se están estudiando están adaptados básicamente a condiciones de secano.